Pasamos por Milán apenas un día. O mejor dicho, apenas horas.
Llegamos desde Marsella por la noche y al día siguiente a la mañana ya estábamos saliendo hacia nuestro siguiente destino.
En consecuencia, tuve oportunidad de ver sólo "lo más importante": la Ópera (la Scala), la galería Vittorio Emanuelle y el Duomo (la catedral).
Sin embargo... Apenas unas horas alcanzaron para que Milán me fascinara.
En ningún otro lugar de Italia... Y creo que del mundo, vi a la ente vestida tan bien como en Milán.
No se trataba de ropa de marca (o al menos no estaba eso a la vista) si no de estilo, de un modo de vestir determinado.
Me quedaba mirando largo rato a cada hombre y mujer que cruzaba... Los zapatos, las carteras... En fin, enloqueci.
A la Ópera la vi sólo por fuera (apenas nos pudimos asomar al hall de entrada), la Galería tiene las mejores marcas, y es visual y arquitectónicamente impresionante -y allí está el toro en el cual dicen que hay que poner el talón derecho en sus genitales y girar tres veces para que te traiga buena suerte... o para volver a Italia, que sin dudas es buena suerte!-, y el Duomo es increíble por fuera, pero por dentro no me gusto demasiado. Es más bien oscuro y con muchas pinturas, algo que al menos a mi lo me gusta demasiado en una iglesia.
Definitivamente TENGO que volver, al menos para recorrer todo con más calma.
En las primeras fotos tengo lo mismo que tenía puesto en Marsella, y en las últimas tengo gorro de Espoleta (click a su página de Facebook!), campera de H&M y bufanda de un local de Galerías Pacífico cuyo nombre no recuerdo ahora.
Excelente día para todos :)
Besos!
Flor.
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